sábado, 30 de agosto de 2008

Kill Cupido

14 de Febrero: Para empezar considero una fecha calzonuda, porque hace que las parejas se condicionen, se mentalicen y crean que, por salir a dar una vuelta al Parque del Amor en el Perú, por sentarse en el malecón a comer un helado, el amor entre ellos reverdecerá automáticamente (cuando, muy probablemente, la relación que mantienen sea una auténtica catástrofe). En muchos casos, el 14 de febrero termina siendo solo un paliativo mentiroso, una anestesia provisional, una tregua que hace olvidar a los enamorados que el suyo es un amorío que se viene cayendo a pedazos.

Me cae mal esta fecha porque termina siendo la oportunidad perfecta para que esos tipos ariscos y frios que a lo largo de todo el año son incapaces de tener un bonito detalle con su novia ahora se computen novios modelo solo por regalar una caja de chocolate.

Estoy seguro de que ellos creen que esa escueta dosis anual de sobreactuado romanticismo basta y sobra para complacer a su chica y, de paso, persuadirla de que ya va siendo hora de que pasen una noche juntitos y apretaditos (y no para rellenar crucigramas, precisamente).

Lo grave es que muchas mujeres lo creen también. Al reventarle tantos cohetes al bendito San Valentín, no se dan cuenta de que están consintiendo la figura del amor mezquino.

Noveleras y cultivadas bajo el tramposo estigma de las telelloronas mexicanas, las penurias amorosas de Candy, los dibujos de Hello Kitty, las sit-coms de Sony y las historias de las revistas del corazón, millones de chicas subliman el Valentine’s Day, permitiendo (inconscientemente, supongo) que este día sea la salvación para sus enamorados indiferentes, que irán a tocarles la puerta con un obsequio comprado a última hora, y esa miseria les bastará para ganarse el cielo.

¿Acaso no es castigo tortuoso eso de salir a la calle y martirizarte haciendo colas y apretujándote con la gente, como si estuvieses en una procesión? Uno sale a celebrar cándidamente el Día de San Valentín y termina haciendo un pogo indeliberado con otras parejas que se arremolinan a la entrada del cine, del teatro, del parque, de la pérgola, del restaurant, del fast food, del concierto, del hotel, etc, etc.

Eternamente Enfermo

He estado enfermo como un perro durante estas dos ultimas semanas en Sao Paulo. Me han enfríado a pesar de los 12 grados, los naranjos, las palmas y los higos. Tres médicos me han visitado. Uno ha tomado el olor de mi catarro, otro ha percutido para saber de donde expectoraba, el tercero me ha palpado para saber cómo lo hacia. El primero me ha dicho que moriré, el segundo que estoy muriendo, el tercero sencillamente que ya estoy eternamente muerto.